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jueves, 30 de marzo de 2017

Ciberacoso. Informe ANAR

“Se meten con él, le insultan, le esperan a la salida para reírse de él, suben fotos a las redes sociales como Instagram o las mandan por Whatsapp, le echan fotos sin que se dé cuenta en clase y luego escriben comentarios como gilipollas (...) y amenaza con subir más fotos burlándose de él...”.
Quien habla es la madre de un chico de 13 años que cuenta el infierno que ha vivido su hijo por culpa del ciberacoso. Su testimonio, como el de otras víctimas y familiares de jóvenes en su misma situación, aparece en informe realizado por la Fundación ANAR bajo el título I Estudio Sobre Ciberbullying Según Los Afectados

https://es.scribd.com/document/324678119/I-Estudio-Sobre-Ciberbullying-Segun-Los-Afectados-ANAR#from_embed
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El documento bucea en un fenómeno que, con el auge de las nuevas tecnologías, supone el 24% del total de situaciones de acoso escolar. Un tipo de hostigamiento que permite al acosador actuar en cualquier momento y desde cualquier lugar, teniendo la posibilidad de mantener su anonimato.
Para el estudio, ANAR recogió, a través de su servicio de atención a víctimas y familiares, 550 casos de acoso escogidos de forma aleatoria sobre un total de 1.363, de los que 127 eran de ciberacoso. Con sus testimonios, pudo trazar los siguientes perfiles, tanto de acosados como de acosadores. Estas son las conclusiones:

 Perfil de las víctimas

Chicas
• Son el 70,2% del total de víctimas frente a 29,8% de los chicos.

• Sufren el ciberacoso más frecuentemente a través del móvil (94,6%).

• Las víctimas femeninas tienen más edad que los varones (12,6 años de media frente a 11,5).

• La edad en que comienzan a sufrir el acoso es más elevada: 11,5 años de media frente a 10,5 de los varones.

• Si la víctima es mujer, lo más habitual es que sea acosada por compañeras del mismo género (alrededor del 40% de casos).

• Los acosadores recurren más al aislamiento (23,3%) y las amenazas (21,1%) y menos a los actos físicos fuertes.

• Las mujeres suelen recibir el acoso más que los varones en el aula (59,7%) y fuera del colegio (23,2%), en este último caso debido a que están más sometidas a ciberacoso.

• Se enfrentan en menor medida a los acosadores (16,8%).

• En caso de cambio de colegio, vuelven a sufrir acoso en menor medida que los varones (57,1% frente a 88,2%), también en este apartado debido a la incidencia del ciberacoso.

• Reciben tratamiento psicológico menos mujeres que varones (17,8% frente al 27,3%).

• En cuanto a las consecuencias del ciberacoso, las mujeres sufren más ansiedad (72,6%) y tristeza (68,7%).
Chicos
• Sufren menos ciberacoso, pero con más frecuencia a través de ordenadores y tabletas (28,6%).

• Son más jóvenes que las víctimas femeninas (11,5 años de media).

• Recurren más a actos físicos fuertes como patadas y golpes (49,6%).

• Suelen recibir el acoso durante el recreo (37,4%).

• Se enfrentan más a los acosadores (31,4%) y si cambian de colegio también vuelven a soportar el acoso más que las mujeres (88,2%).

• El tratamiento psicológico es más habitual (27,3%).

• Presentan más problemas de habilidades sociales (18,5%) y diferencias con los profesores (10,8%).
• Son sólo varones (61,1%) o sólo chicas (38,9%), nunca son grupos mixtos.

• Suelen ser grupos de dos a cinco individuos (51,9%).

• En su inmensa mayoría son adolescentes (87%).

• La mayoría de las víctimas son mujeres (70,4%).

• Otros tipos de acoso que realizan: insultos/ofensas de palabra (70,4%), amenazas (37%), físico “fuerte” (golpes, patadas) (22,2%) y acoso sexual (11,1%).

• Motivos del acoso: agresividad de los acosadores (28,6%) y la venganza (25,7%).
El informe también se fija en los medios usados por los acosadores para actuar y en las formas de acoso que utilizan. Según el estudio, el 90% de los acosadores utiliza el teléfono móvil para acosar a su víctima y generalmente lo hace mediante WhatsApp. Por otro lado, la forma más común de ciberacoso es el uso de insultos o palabras ofensivas directas a la víctima, seguidas de amenazas y del envío de imágenes o vídeos comprometidos de la persona acosada.  

El informe alerta de las repercusiones que el acoso escolar, ya sea cibernético o no, tiene sobre la vida social de los niños y los adolescentes. Según ANAR, puede hacer "poco soportable la vida normal por la propia experiencia de la escolarización, ya que sufren algún grado de violencia en el colegio y, además, limita su vida social que, si no se refuerza con otras amistades y relaciones, puede provocar aislamiento y falta de socialización efectiva".
De hecho, según el estudio, el 92% de las víctimas de acoso sufre alguna secuela psicológica y la mayoría pierde varias amistades en el camino. Además, sobre una muestra de 120 casos, un 5,9% tuvo ideaciones suicidas, un 2,2% se produjo autolesiones y el 0,7% intentó suicidarse.

El estudio también analiza la respuesta del entorno de la víctima ante situaciones de acoso escolar. Uno de los datos más preocupantes, y que suele afectar al acosado, es el que se refiere al del número de personas que reaccionaron ante estos casos. Según el informe, sólo un 14,9% reacciona ante el ciberacoso por un 22,2% que lo hizo ante otro tipo de acoso.
Esto incide en la reacción de la víctima de enfrentarse a los acosadores, que es muy minoritaria, según el informe de ANAR: un 29% en los casos de ciberacoso y un 21%, en otros tipos de acoso. "Esta limitada resistencia al acoso podría estar favorecida por las reacciones que tienen amigos, compañeros y profesores. Posiblemente, si las víctimas perciben una falta de apoyo suficiente de su entorno escolar, tampoco se sientan con el respaldo necesario para afrontar las dificultades", indica la fundación.

También se valora la reacción de los profesores. La mayoría de los docentes analizados conocían las situaciones de acoso y el 75% decidió actuar. Como se puede ver en el gráfico, su reacción varió en función de si se trataba de ciberacoso u otro tipo de hostigamiento:

"Lo ideal sería que actuaran en el 100% de los casos que hemos tenido", explica sobre este asunto Leticia Mata, directora del Teléfono ANAR, el centro de atención para víctimas y familiares de acoso escolar y otro tipo de situaciones que afectan a los menores. Mata asegura que, en todo caso, "lo importante es que el centro detecte de forma temprana el acoso". "Deberíamos establecer un protocolo para actuar, para que lo sigan y adopten medidas al respecto"

Desde ANAR aseguran no ser partidarios de cambiar de centro escolar a la víctima porque "no es productivo" y se le puede "victimizar". Mata cree que tampoco sería bueno trasladar al agresor. "No creo que sea la solución, sino que sería mejor trabajar en la prevención y en la educación desde edades tempranas y que el agresor identifique que lo que hace no está bien", indica.
Mata explica que la mayoría de los agresores "no se ponen en el lugar del otro" y "no se plantean el daño que hacen". "Actúan en grupo para reforzar el liderazgo y diluir su culpa, no se paran a pensar", añade. Por ello, pide "prevenir" e "implicar a los espectadores" para hacer frente a estas situaciones.

PONER "LÍMITES" AL ACCESO A LOS MÓVILES

Según los datos del estudio, un 30% los chavales de 10 años tiene teléfono móvil, porcentaje que asciende al 83% a los 14 años. Mata cree que los padres deberían poner límites al acceso de sus hijos a las nuevas tecnologías y plantea una cuestión simple respecto a los teléfonos móviles: "Siempre decimos que deberías comprarle un móvil a la misma edad que le dejarías salir a la calle solo".
La experta de ANAR cree que los progenitores deberían poner "límites de tiempo en el uso de los móviles" y "activar los mecanismos de control parental". "Se le puede dejar usar el móvil con control, sin acceso a Internet, con acceso controlado a lo que se descarga o que use el WhatsApp de sus padres", añade.
Aun así, Mata advierte sobre la "barrera tecnológica" que existe entre padres e hijos. "Los chicos están muy por encima en cuanto a formación y hay que ir poniéndose al día. Es la única forma de poder entender los riesgos", afirma.
Pero sobre todo, Mata pide a los padres que fomenten la comunicación con sus hijos porque muchos chavales "se sienten solos" en estas situaciones y "no llegan a tener habilidades comunicativas con sus padres". "Cuando el niño lo comunique, hay que fomentar la confianza y no dar una respuesta alarmista", pide la responsable de ANAR, que aporta las siguientes claves para identificar si el menor está siendo objeto de acoso escolar:
CLAVES PARA DETECTAR EL ACOSO
- No quiere ir al colegio.
- Dice que se encuentra mal para no ir al colegio.
- Falta a clase.
- Desaparece el material escolar.
- Llega a casa con el material escolar roto.
- Se muestra irritable.
- Está triste.
- Se distancia de sus amigos.
Más información:
- 'Bullying': más allá del castigo
- Un cuento para imaginarse la pesadilla del 'bullying'
- Cómo detectar y actuar ante el acoso escolar
- Mi peor pesadilla: ¿y si estoy criando a una abusona?

 Fuente: ANAR

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