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lunes, 18 de marzo de 2019

Trastorno paranoide (TPP) cuando todo es una amenaza

El trastorno de personalidad paranoide se define como una alteración de la personalidad en la que se dan de forma habitual episodios paranoides, es decir, momentos en los que el individuo tiene una especial suspicacia con respecto a los demás, hacia cuyas intenciones siente mucha desconfianza y recelo, interpretándolas como perjudiciales para él, y acompañándose de pensamientos como: “me quieren estafar”, “me van a engañar”, “quieren tomarme el pelo”…

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Que alguien padezca este tipo de trastorno no quiere decir que siempre vaya a estar exhibiendo un comportamiento o forma de pensar alterados, sino que existen momentos en los que se van a presentar por determinadas circunstancias, y a estas alteraciones transitorias de la conducta se les denomina episodios; por ejemplo, episodio paranoide, episodio psicótico…
Es importante señalar que cualquiera de nosotros puede sufrir uno de estos episodios sin necesidad de presentar por ello un trastorno de personalidad. Es decir, el hecho de que alguien sufra puntualmente un episodio paranoide, no supone ningún inconveniente para la vida diaria, ni implica necesariamente el diagnóstico de una patología.
El problema surge cuando estos incidentes se producen de forma habitual y reiterada, lo que se traducirá en un comportamiento acorde a este tipo de pensamientos paranoides, que le va a acarrear al afectado una serie de consecuencias negativas en su vida, tanto en el ámbito laboral como familiar, así como en sus relaciones interpersonales.

Síntomas del trastorno de personalidad paranoide

La presencia reiterada de episodios paranoides es la característica principal del trastorno paranoico de la personalidad, o de personalidad paranoide, y en el transcurso de dichos episodios el individuo mostrará alguno de los siguientes síntomas o manifestaciones:
  • Sospechar que los demás le van a hacer daño, se van a aprovechar de él o le van a engañar, sin que exista una base real que justifique este temor.
  • Preocupación excesiva sobre los verdaderos sentimientos de lealtad y fidelidad de sus amistades y compañeros de trabajo.
  • Exageración de las circunstancias normales, viendo signos de peligro y amenaza por todos lados.
  • Excesiva falta de confianza en los demás. El sujeto evita proporcionar información personal u otra que considera sensible, ya que piensa que va a ser traicionado, y que dicha información será empleada contra él para hacerle daño o burlarse.
  • Cierta tendencia a rumiar mentalmente, es decir, a la repetición de recuerdos de palabras o gestos de otros que le fueron desagradables, como insultos o injurias –reales o imaginarios–, que hace que además sea muy rencoroso.
  • Suelen estar demasiado pendientes de sí mismos, con una actitud auto-referencial, que hace que se consideren más importantes que el resto.
  • Tendencia a dar una respuesta desproporcionada a los ataques de los demás, pudiendo presentar brotes de ira o de rabia incontrolada “sin venir a cuento”.
  • Distanciamiento emocional, mostrándose frío, riguroso y egocéntrico, para evitar que le hagan daño.
  • Hipersensibilización ante los comentarios ajenos sobre él, considerándolos una burla o un ataque a su persona o a su reputación.
  • Sospecha infundada de infidelidad de su pareja, lo que va a conllevar un estado constante de tensión, que en la mayoría de los casos lleva a la separación sentimental o al divorcio.
  • Aislamiento social, debido a su comportamiento reticente y esquivo, que le hace evitar tener más contacto con los compañeros que el establecido por el horario de trabajo.
  • Problemas familiares, normalmente por razones económicas, y debidos a su suspicacia, que le hace pensar que las personas de su confianza le están engañando, o que pueden contar sus intimidades a quien no deben, poniendo en riesgo su prestigio.
  • Dificultades para mantener un puesto de trabajo estable, debido al escaso esfuerzo por integrarse en su tarea, sobre todo cuando implica estar de cara al público, además de por sus pensamientos de sentirse explotado laboralmente.
  • Problemas de salud avanzados, como consecuencia de su desconfianza en los médicos y el personal sanitario, lo que hace que no acuda a consulta cuando se siente mal, y que en algunos casos se automedique, con los consiguientes riesgos asociados.
  • Hostilidad injustificada y sin adecuarse a las circunstancias, pudiendo estallar ante cualquier persona, y que en algunos casos se acompaña de una actitud de desprecio al otro, como forma de mantener las distancias.
  • Manifestaciones de admiración y anhelo por las personas que tienen poder y ostentan un mayor rango social, mientras que desprecian a los que se muestran débiles o consideran de un rango inferior.
Diagnóstico del trastorno de personalidad paranoide

Antes de poder establecer un diagnóstico claro del trastorno de personalidad paranoide, en función de los episodios paranoicos que muestra la persona, hay que descartar otras circunstancias que pueden presentar síntomas parecidos, como:
  • Simulación voluntaria en la que se exhiben algunos de los síntomas del trastorno de personalidad paranoide, bien para librarse de alguna obligación, como cumplir una condena en la cárcel, o bien con el objetivo de conseguir algún beneficio secundario, como la atención por parte de sus familiares.
  • Alteraciones de conciencia producidas por el consumo de determinadas sustancias psicoactivas y algunos medicamentos. En este caso, los episodios desaparecen con el tiempo cuando el organismo se deshace de dichas sustancias.
  • Trastornos del estados de ánimo con síntomas psicóticos, pero donde el núcleo fundamental es precisamente el estado de ánimo alterado.
  • Trastorno de esquizofrenia, que puede acompañarse de episodios paranoicos, pero en el que el paciente también va a sufrir otros síntomas como alucinaciones e ideas delirantes.
  • Trastorno límite de la personalidad o borderline, donde además existen otros síntomas, como los pensamientos extremos dicotómicos y la inestabilidad emocional.
  • Vivencias traumáticas no superadas. Cualquier persona después de un robo, estafa o engaño, se encuentra más susceptible –y hasta un poco paranoica– con respecto a volverse a encontrar en circunstancias parecidas, ya que conserva en la memoria el desagradable recuerdo de lo vivido y sus consecuencias. Normalmente se supera con el tiempo, pero si esta desconfianza acentuada persiste, hay que comprobar que no se estén sentando las bases de un trastorno paranoico de la personalidad.
Una vez descartadas las causas mencionadas como explicación al comportamiento de la persona y a su forma de pensar, es preciso analizar sus antecedentes y la gravedad de los síntomas antes de poder establecer el diagnóstico oportuno, ya que si el trastorno de personalidad paranoide coexiste con otros, hay que determinar cuál provoca los síntomas más graves, para priorizar y tratarlos en primer lugar, y así evitar sus consecuencias negativas; así, si se da conjuntamente con alguna adicción, el manejo de la misma resultará prioritario.

Tratamiento del trastorno de personalidad paranoide

Una de las mayores dificultades que se encuentra el profesional a la hora de establecer el tratamiento para el trastorno de personalidad paranoide es que normalmente el paciente no acude a consulta solo, sino que le trae algún familiar u otra persona con cierta autoridad o influencia sobre él, que desea que se le trate.
El problema es que parte de su paranoia tiene que ver con los médicos y el personal sanitario, que según él quieren “inocularle una enfermedad”, “quitarle algún órgano no vital” o “encerrarle de por vida”. Por ello, mientras no sea el paciente quien voluntariamente decida tratarse, el éxito de la intervención terapéutica basada en la psicoterapia es nulo o bastante limitado, siendo posible únicamente tratar algunos de los efectos del trastorno mediante medicación que ayude a controlar sus episodios, y a evitar con ello las repercusiones negativas que tiene sobre el paciente y sobre su vida social y laboral.
Una vez que el paciente decide colaborar porque es consciente de las consecuencias de su trastorno de personalidad sobre su vida y su entorno, se pueden aplicar algunas de las siguientes técnicas para el tratamiento del trastorno de personalidad paranoide:
  • Reestructuración cognitiva, con la que combatir los pensamientos inadecuados que van a incitar las conductas de evitación. A través de esta técnica se van a conseguir descubrir los pensamientos intrusivos como: “éste quiere...”, “me va a....”. Una vez identificados, hay que trabajar con ellos conscientemente con otros como: “no tiene por que ser malo para mí”, “voy a ver su punto de vista”, de forma que se automatice el proceso y con ello se superen dichos pensamientos.
  • Entrenamiento en habilidades sociales, con las que mejorar su comunicación con los demás, facilitando así que pueda establecer nuevas relaciones con las que enriquecer su vida, lo que a su vez le va a permitir tener mayores posibilidades de recuperación, al contar con un grupo de apoyo más grande.
  • Terapia ocupacional, con la que reeducar los comportamientos que hasta ahora estaban interfiriendo en el correcto desarrollo de las tareas laborales, formando a la persona en aquellas que precise su puesto, para que obtenga confianza en sus propias habilidades.
  • Aproximaciones sucesivas a los lugares o personas temidos injustificadamente, de forma que adquiera las habilidades necesarias para saber superar su desconfianza en situaciones que con anterioridad no se atrevería a afrontar.
  • Técnicas de control del estrés, que le ayuden a relajar y rebajar la tensión que producen estos episodios paranoides, lo que le permitirá darse cuenta de que únicamente está pensando de esta forma a causa del episodio.

Prevención del trastorno de personalidad paranoide

Al tratase de una alteración de la personalidad, el afectado difícilmente considerará que tiene un problema, por lo que resulta fundamental la opinión de las personas de su entorno, aunque también puede que sea capaz de darse cuenta de las dificultades que tiene a nivel social para entablar y mantener relaciones con los demás, así como de sus problemas en el mundo laboral.
Es por ello que los consejos para prevenir el trastorno de personalidad paranoide están más orientados a familiares y amigos que puedan observar alguno de los síntomas que se han descrito anteriormente, y que avisen a la persona afectada de que algo no va bien. Estas personas cercanas al paciente deberían seguir las siguientes recomendaciones:
  • Cuando se den brotes de agresividad u hostilidad, dejar a la persona tranquila, para evitar que se exaspere más. Cuando se calme se podrá hablar con ella, tratando de buscar los motivos del comportamiento que ha podido hacer “saltar la chispa”.
  • Como estrategia para llevar al paciente a terapia, puede justificarse la visita al profesional para resolver un problema del familiar que le acompaña, con el objetivo de que vaya adquiriendo confianza con el terapeuta.
  • Explicar al paciente los pros y los contras de las decisiones que tome, para que vea que si algo no sale bien está dentro de lo previsible, y no se debe a una conspiración contra él o a la mala suerte que le persigue.
  • Preguntarle sobre sus pensamientos y solicitarle que los desarrolle de acuerdo a su experiencia previa, para que compruebe que no siempre le sale todo mal.
  • Sugerirle que anote las cosas negativas que le han sucedido durante el día y, junto a estas, todo lo positivo que también ha vivido.
  • Alabar sus iniciativas sociales y fomentarlas, dejando que sea el paciente el protagonista de dichas iniciativas.
  • Comentar los aspectos positivos de las personas con las que se relaciona, para procurar que cada vez se fije más en las cualidades de los demás.
  • Minimizar las acciones negativas realizadas por otros y que hayan podido perjudicar al paciente, aunque sin llegar a justificarlas.
  • Propiciar la participación del paciente en instituciones sociales y actividades colaborativas, porque esto puede contribuir a mejorar su autoestima, además de favorecer sus relaciones sociales.
 Fuente: Web Consultas Healthcare